Sin título‎ > ‎

El papel del acompañante

Preferimos llamarnos acompañantes que profesores, ya que no enseñamos nuestros conocimientos, sino que favorecemos que creen los suyos propios.
La labor del adulto en la escuela es la de acompañar, para lo que es necesario tener claros los siguientes puntos:
  • Crear y cuidar ambientes: el acompañante crea el espacio, con la mayor diversidad posible de materiales, creando un clima de protección y confianza que favorezca la experimentación y el proceso de aprendizaje.
  • Respetar y confiar: respetar el proceso madurativo y necesidades de cada niño, sin adelantarse, sin dar más de lo que los niños necesitan y piden. Para ello es vital confiar en los procesos naturales de la vida, en las capacidades de los niños sin juzgarles.
  • No interferir: los acompañantes  son personas importantes de referencia, que están ahí, pero no enseñan ni dirigen. Así, no intervendremos a no ser que los mismos niños nos lo pidan o que sea necesario para mantener la seguridad.
  • Servir: el acompañante asiste, facilita, pero no realiza las actividades por los niños.
Colegio Andolina. Acompañante y niña.

  • Observar: llevando un registro  de lo que cada niño hace cada día y las necesidades individuales que van surgiendo en el espacio en que se encuentre. A través de estas observaciones realizaremos la evaluación para saber en qué momento de su proceso de desarrollo se encuentra el niño.
  • Conflictos, límites: una de las tareas fundamentales del acompañamiento es velar por la seguridad de los niños. En caso de que la actividad que se está realizando pueda ser de riesgo, se intervendrá eliminando el riesgo, e incluso parando la actividad si esto no es posible.  En el caso de un conflicto, el acompañante no lo solucionará, sino que, manteniendo la seguridad de las partes implicadas, les dará tiempo para que puedan solucionarlo ellos mismos. Sin embargo, cuando se produce una invasión del espacio personal tanto física como verbal el acompañante intervendrá cortando esta invasión de raíz.
  • Coordinación con familias: hacemos a las familias partícipes del proceso de desarrollo y aprendizaje de sus hijos.
  • Actitud del acompañante: la presencia del adulto es activa. El acompañante usará un tono de voz bajo, con un lenguaje claro y preciso, sin usar imperativos y sin llamar a los niños a gritos, poniéndonos a su altura cuando nos dirijamos a ellos.